El final.
Hace un tiempo que quiero escribir sobre este tema, siento que me revolotea la cabeza como una mariposa. Me interpela muy fuerte porque vengo de atravesar uno muy potente: el final, los finales.
Hay finales y finales. Algunos los ansiamos: un crédito, una hipoteca, cuotas de la tarjeta, una carrera, descorchamos sin duda alguna. O si terminamos un tratamiento médico lo mismo, sentimos alivio…ya está…
Pero hay situaciones un poco más complejas: vínculos, matrimonios, etapas, proyectos, y sí, hasta la vida misma.
Esos finales: los que nunca pensamos, los que no queremos, para los que nunca nos preparamos, de esos quiero que charlemos.
Hasta hace muy poco tenía mi propia empresa, un laboratorio que desarrollé junto a mi socia. Nos iba bien, y eso es un montón en el contexto que nos toca atravesar. Pero yo ya había empezado a escuchar un ruidito, y¿adiviná que? por más que me esforzara en ignorarlo o en buscar alicientes no había caso. Seguía ahí, y cada vez más fuerte.
Después de intentarlo un tiempo y luego de muchas cosas que pasaron en el medio, decidí que esa etapa de mi vida había llegado a su fin, que para poder hacer las cosas que tenía ganas de hacer tenía que abrir espacio.
Fue una de las decisiones más fuertes que he tomado en mi vida, y no fue en soledad, al contrario. Pude dar ese paso porque sentí el apoyo de la gente que me quiere y es sostén, aun a veces sin entender del todo el porqué.
Decidir terminar algo que funciona, decidir elegir por primera vez desde el quiero, y no desde el debo, fue no solo terminar con un trabajo, sino decidir terminar con una forma de pensar y de abordar la vida.
Me encantaría saber si vos que estás leyendo te encontraste en el recorrido de tu vida con un espacio donde te acompañen a pensar y elaborar sobre este tema. El final, el cambio, el duelo, las direcciones, la muerte.
Estoy casi segura que la respuesta es no.
Entonces es un tema que queda ahí en el fondo de la alacena, como ese paquete de harina lleno de gorgojos que cada vez que abro la bendita puerta veo de reojo pero hago como que no lo vi, entonces sigo como si nada. Finjo demencia.
Porque sí, queremos seguir, no sabemos porqué o para qué, pero seguir. La idea de detenernos a limpiar-nos los gorgojos nos aterra, porque anda a saber qué más hay en la alacena, porque no se qué hacer con lo que encuentre, porque mejor me hago la sonsa y que los saque otro, y muchos más “porques”. Cada una/o tendrá el suyo.
Te cuento algo: los gorgojos solos no van a desaparecer, y la vida está llena de finales, ¿por qué seguir evitándolos?
Imaginate si los horneros le dijeran a los tilos que están re locos, que como van a perder todas las hojas, o la oruga renegara de tener que tejer su capullo.
Nos olvidamos de que para que cualquier inicio tenga lugar, necesariamente tiene que haber un final, una muerte. La vida, como la naturaleza, pulsa a través de los ciclos.
La placenta de un bebe que ya está por nacer, se vuelve vieja, involuciona, muere, y con eso inicia una vida…¡¿no es maravilloso?!
Nunca aprendimos que la transformación necesita el final, tanto como el comienzo.
Del Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte: “...no tendríamos la menor oportunidad de conocer la muerte si sólo se produjera una vez. Pero, afortunadamente la vida no es sino una danza ininterrumpida de nacimientos y muertes, una danza del cambio ... estos cambios, estas pequeñas muertes son nuestros lazos vivientes con la muerte. Son su pulso, su latido, y nos incitan a soltar todo aquello a lo que nos aferramos…”
El cambio -mejor dicho el miedo al cambio- y el apego…ahí creo que puede haber claves para entender la dificultad de enfrentarse con los finales. Son las caras de una misma moneda: sentir que no somos capaces de responder a lo que la vida nos trae, sentirnos sin herramientas para acomodar las velas y seguir el viaje…”¿y si no puedo con lo que viene?”.
Esto a la vez nos impone la necesidad de control. Mientras más apego -a lo que sea- más necesito controlarlo, y mas sufro cuando veo que la vida cambia la dirección del viento.
Me pregunto ¿Cómo sería enfrentar un final con la confianza necesaria para saber que voy a estar bien?
Igual creo, como para poner un poco de perspectiva, la sociedad entera está programada para eso: te casas “hasta que la muerte nos separe” (¿y si primero se muere el amor?), te recibís de una carrera pensando que te tenés que jubilar de eso,( incluso hasta hace pocos años estaba muy bien visto que tus 30 años de aportes fueran en una misma empresa o institución), apenas puedas te compras o te haces tu casita y vivís ahí para siempre, y podría seguir con muchos ejemplos más.
Es decir, alrededor de los 30 y cortos, tu vida ya está decidida.
No estoy diciendo que todo esto esté mal necesariamente. Digo que no es la única forma de vivir. Digo que es sano preguntarnos porque y desde donde estoy eligiendo eso. Y sobre todo que muchas veces es la vida la que repentinamente nos empuja a salir de esa estructura y a probar qué tan flexible tenemos la mente, y el espíritu.
Si, muchas veces duele. Los finales -elegidos o no- duelen. Eso no significa que tengamos que sufrir. Significa que tenemos que duelar, permitirnos doler. Hacerle espacio al dolor, recibir lo que nos trae, la inmensa sabiduría que nos aporta un final. De alguna manera es alquimizar toda la energía que invertimos en el comienzo, reciclarla para que quede disponible para los comienzos que vendrán. Porque siempre viene algo.
Y con esto no te estoy diciendo, tirate en la cama a llorar y que se venga el mundo abajo…
- Si necesitas hacerlo, hacelo, y así también descubrís que el mundo no se viene abajo por llorar un tiempo-
…estoy hablando de poner conciencia en el proceso, abrirnos a lo que nos trae, poder hacer una lectura más amplia de lo que vivimos, nuestras fortalezas y lo que necesitamos integrar. Lo que ya no queremos y lo que ya no vamos a negociar.
En esta instancia es de mucha utilidad recurrir a algún tipo de ayuda que te brinde herramientas para poder transitar este proceso: terapia psicológica, yoga, constelaciones, astrología, etc. No son mutuamente excluyentes, todo lo contrario, te diría que se potencian. Lo importante es que te resuene, que te haga sentido.
Inevitablemente este tema me lleva a pensar la muerte. Y creo que es algo totalmente sano, algo que deberíamos tratar de abordar. La única certeza que tenemos en esta vida es que vamos a morir, sin embargo nos empeñamos en vivir como si no lo supiéramos.
Nos distraemos, nos anestesiamos para no recordar que ésto puede terminar mañana.
Hay un proverbio tibetano que dice “mañana o la próxima vida, nunca se sabe que vendrá primero”.
Es que en este mundo occidental, nadie nos enseñó que la vida no es otra cosa que prepararse para morir, y aunque esta frase suene muy dramática, en realidad para mi es liberadora.
Hace un tiempo hablaba con mi compañero, días después de la muerte de la Reina Margarita de Inglaterra, y entre risas me dice: “pobre Mirtha Legrand, ya se están muriendo todos los grandes iconos de su época - hacía poco se había muerto Menem- que se sentirá saber que en cualquier momento le toca a ella”. Yo estaba de espaldas, lavando los platos y súbitamente se me retorció el estómago, me di vuelta, lo mire y le dije (con mucho dramatismo, obvio): “¡todos somos Mirta Legrand!”.
El problema es que nos olvidamos. Nos olvidamos porque nos duele. Y una de las cosas que nos duele -tal vez- sea el ponernos a pensar en todos los sueños que dejamos ir en el camino por no animarnos, en todas las lista de pendientes que tenemos pegadas en la heladera, esperando que llegue el momento correcto -como si tal cosa existiera-, en esos proyectos que se desvanecieron en los bolsillos porque les falto amor, conviccion.
Además, otra cosa muy importante, - y esto tal vez sea lo más fuerte de todo- no es solo nuestra vida la que puede terminar, la de nuestros seres amados también.
-Date una pausa, inhala profundo y exhala suave.-
Por eso te pregunto: ¿Cuántos rencores tenés agolpados en el pecho?, ¿Cuántos te amo se te estrujan en la garganta por vergüenza o miedo? ¿Hace cuanto no abrazas a esa persona como si no importara nada más en el mundo?. Te cuento un secreto: no importa nada más en el mundo. Es ahora.
Te voy a hacer una confesión, cuando tengo que tomar una decisión difícil, y tengo miedo, pienso en la muerte: “me voy a morir igual, prefiero hacer cosas que le den sentido al tiempo que me queda hasta que eso suceda”.
El final, la muerte: el cambio. La incertidumbre de lo que viene después. Nos aterra. Y sin embargo desde hace milenios, diferentes corrientes filosóficas- orientales y occidentales- nos advierten lo mismo: lo único permanente es el cambio.
¿La estás pasando como la mona? Tranqui, no va a durar para siempre. “No hay mal que dure cien años” dicen. Va a pasar. Enfócate en los recursos que tenés y en poner la energía en lo que si podés hacer. ¿La estás pasando bárbaro? Disfrutalo, porque no va a durar para siempre. Hagas lo que hagas no intentes retenerlo. Vivilo a pleno.
Tal vez es muy simplista, pero en el párrafo anterior se resume lo que a mi criterio nos ahorraría mucho sufrimiento si tuviésemos la sabiduría de integrar.
Todo cambia. No hay nada que podamos hacer para evitarlo. ¿Y si en lugar de resistir, lo abrazamos?
¿Cómo te llevás con eso? ¿Pensaste alguna vez en esto, en los finales, en la muerte?
Sé que es duro, pero también necesario. Tal vez pensarlo juntas/os lo hace más llevadero.
Me encantaría que me cuentes lo que sentís.
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Estoy acá.
Gracias a vos, por estar.
Con cariño.
Anita.


Anita! Hace un tiempo escuché que antes la gente se casaba "hasta que la muerte nos separe" porque vivían 30 años! Ahora vivimos muchos más. Muchas vidas en una. Morimos muchas veces, y renacemos tantas otras. Y cada vez nos cuesta aceptarlo.
PD: por acá los tilos ya se están llenando de hojas de nuevo :)
Como la leyenda de "Esto tambien pasara"... lindo me sirvió mucho en este momento. Gracias Anita.